Reflexiones deshilachadas (el coronavirus y yo)

Me dije, podría escribir algo acerca de estas vivencias, pro coronavirus, a las que todos estamos accediendo sintiéndolas de distintas maneras. Podría hablar de cómo la sienten los pacientes, de lo que dicen los que opinan y los periodistas y los expertos y los científicos, pero eso ya todos los sabemos.
Todos los sabemos?
Precisamente eso resuena en mi cabeza, leía un artículo de una trabajadora social preguntándose, que, si bien todos sabemos que con agua y jabón podemos combatir el “bicho”, pero, y los que no tienen agua? Si, todos sabemos que no tenemos que salir de casa, pero, y aquellos que no la tienen? O, los que sí la tienen pero la esquina, la plazita, la canchita son más íntimas y menos peligrosas que el propio hogar?.
También me preguntaba, que, si bien es necesaria más que nunca la solidaridad entre nosotros, el ayudar al otro quedándose en casa o colaborando con aquellos que carecen, acercándoles el agua necesaria, la comida en los comedores, la asistencia en la enfermedad, pero, y ahí va mi pregunta, no será que por ayudar le llevamos el “bicho” a aquellos que no lo tienen? Hay alguna otra manera de ser solidarios sin replicar el virus? Freud nos dijo, cuando su teoría llego a EEUU, “no saben que les llevamos la peste”, será entonces que no es posible vincularse con el otro, relacionarse, conectarse en presencia, sin el peligro de “contagiar”? En el malestar en la cultura el mismo autor nos dice que el ser humano debe renunciar a sus deseos, reprimir sus impulsos para hacerse de la cultura, pero la cultura de la época victoriana indudablemente no es ni parecida a la que hoy nos circunda y hacerse de la cultura no se hace por un deseo propio, en nuestra invalidez, inmadurez e inermidad al nacer, son nuestros cuidadores, de quienes dependemos en absoluto, quienes nos van indicando el camino hacia ella.
Que hace entonces que alguien como ese surfer rebelde no quiera avenirse al protocolo establecido para éste momento de nuestra sociedad? O que hace que alguien recuerde que ya pasamos “una igual” cuando la peste de la polio nos atacó en los años 50 ¿por qué alguien para tolerar las vivencias nuevas, la incertidumbre necesita asociarla a algo ya digerido o al menos “ya sabido” y otros, para poder sobrellevar el miedo, el dolor necesitan negarlo?
Pensando en los distintos momentos en las diferentes sociedades y culturas, hoy, un amigo nos anima a escribir recuerdos de nuestro paso por la infancia y adolescencia en nuestro pueblo natal, otra manera de pasar el mal trago?
Será esto último, posiblemente, lo que me habrá animado a escribir, a volcar en un papel aquello que se nos atraganta, pero también se agolpa por querer salir y en esa vorágine no se puede y a veces no se quiere tener coherencia, que pueda manifestarse así, todo junto, todo mezclado, en un ir y venir, en un sentirse bajoneado por momentos y eufórico por otros.
Por momentos como en un vacío, como si los pensamientos y sentimientos se hubieran agotado de tanto usarlos, de tanto revolverlos, luego, se me aparece como una tabla de salvación, quizás, el psicoanálisis, (aunque sé que con el psicoanálisis no basta), esta teoría que ayuda a pensar a pensarme a pensar para acompañar y entonces aparece una respuesta a una de mis tantas preguntas. Si, se puede ayudar, se puede acompañar y aunque no con la presencia, (que puede llevar el refugio y también la peste), se recurre a la tecnología, se puede ayudar a través de las redes: a los pacientes que sufren podemos contenerlos por te, por whats, por skipe, e inmediatamente obtengo desde allí, otras respuestas (algunas) para otras pregunta: las sociedades cambian y en diferentes épocas se suscitan distintas incertidumbre, pero también cada época viene con “el pan bajo el brazo” dándonos a nuestro alcance herramientas que, si bien abren nuevas incertidumbre, por momentos nos ayudan a ayudar.
Es increíble la mente humana, me preguntaba, otra mas!!, tengo una hoja en blanco, qué voy a escribir?? Podría ser del psicoanálisis remoto, pero… las palabras surgen una detrás de la otra, deshilachadas, incoherentes por momentos pero como desafiando al pensamiento… acá estoy, no me pararas…. Recordaba una paciente que manifestaba que, después de una discusión dolorosa había llorado mucho y se había dormido, al despertarse no podía mover el brazo derecho, primero cosquilleaba su mano, luego se adormeció el brazo, había tratado de domar su angustia, había descargado su llanto, sin embargo allí estaba, haciendo síntoma en su cuerpo, es indomable y aunque crea y afirme que el afuera, la realidad, la presencia del otro me subjetiva, no puedo negar que el inconsciente no se deja domar ni por el coronavirus.

Psic. Ana María Pagani
Miembro Titular con Función Didáctica de la Asociación de Psicoanálisis de Rosario