Estamos demorados

La vida cotidiana esta desarticulada. Ante un intruso, microscópico que no tiene vida propia, y que tiene corona, es el REY. Pateo el tablero. Imperterrito, nos recuerda que todos somos MORTALES. Reyes y peones, somos todos iguales, nadie tiene poder. Solo el, su nombre lo dice CORONAVIRUS.
Este, atrevido, que juega con nosotros, al jaque mate. Nos recuerda, nuevamente, que no somos sempiternos, que la vida, es impermanente.
La gran mayoria, se anoticia, como si fuese una novedad. Para otros, un descubrimiento. Me decía, un paciente, telefonicamente, pero no se habla de la muerte? Le dije, a la muerte, lo desconocido, se le tiene miedo.
Ella, la muerte, esta siempre, en cada latido, en cada respiración.
La portamos, desde la concepción. El conflicto vida y muerte, pulsión de vida y pulsión de muerte, Eros y Tanatos. La Y, indica que son inseparables. La amenaza irrumpe, lo incierto, lo aleatorio, y rompe ese mundo de certezas. Es simple, la incertidumbre derrumba la ilusión, la creencia omnipotente, de la tranquilidad, de la felicidad eterna. En ese extravío, ser feliz todo el tiempo, la sociedad devora, con fruición, lo que tiene a su alcance. Y se devora a si misma. Una oralidad, que da cuenta, de la profunda regresión del ser humano, a etapas primitivas Una oralidad de succionar, vaciar, y canibalista, destruir. Una sociedad, sin limites, sin bordes. Hoy este intruso, nos pone el limite. El consumo, se paraliza. Y emerge lo importante, LA VIDA.
Hoy el poder, lo tiene, un organismo que no vemos, que pone de manifiesto, la insignificancia de nuestra existencia. De la fragilidad, de la vulnerabilidad, del ser humano. Su frivolidad queda al desnudo. Lo superfluo, lo banal. Satisfacer ese vacío, existencial, con cosas.
Entretenimientos, de modo compulsivo, redes, viajes, frases milagrosas, y tantas otras ilusiones pasajeras.
Hoy, hay que confinarse en casa, para muchos es de terror. Y que hacemos, y los chicos? Que hago solo, sola?
Siempre estamos solos. Sabias? A veces acompañados.
El miedo, conocida emoción básica, propia de toda especie. Con la diferencia que en el Homo, es transformada por la experiencia en sentimiento.
Experiencia, en el mejor de los casos, que permite que se desarrolle, la capacidad de afrontar la adversidad, con calma, y salir fortalecido.
Cuando, no se ha aprendido, el miedo, no opera con eficacia. Es cierto, es una situación inédita. Que genera zozobra Como tolerar, ese miedo, que advierte el peligro. Y que no se transforme en panic.
El camino, aceptar lo que sucede, ahora. Y es cuando adviene la calma. No es fácil. Esta realidad, nos interpela. En muchos ordenes. También a los Gobiernos, mas que nunca. Tiene que imperar la Ley, que ordena, que paradoja, una Ley que se la transgrede constantemente.
La actual realidad, nos confronta con nosotros mismos, con la capacidad de estar solos, de tolerar la frustración, la incomodidad, la ansiedad, lo incierto, de ser pacientes, creativos, de darle lugar a la imaginación, al juego, al otro.
También, nos pone a prueba, de cuanto somos capaces, de estar dispuesto a compartir, generosamente, de renunciar, de ser solidarios, de perder.
En pos, de ese otro, que tiene menos, o directamente no tiene ni para comer. Va dejar a la vista la DECENCIA.
Aquí, no va, sálvese quien pueda. Conducta conocida, que da cuenta, de la pobreza espiritual, en la que nos hundimos. Es momento de reencontrarnos, en el silencio, con uno, y con el otro. Hoy me decía, otro paciente, por teléfono, que esta ordenando un espacio. "El Taller" donde hay herramientas. Su abuelo, fue carpintero. Me deje llevar por la imaginación, y la bella escena surgió. Me produjo alegría, se lo dije Y por su voz, capte su alegría.
Después de un rato, pensé, el mundo, la sociedad, la nuestra, cada uno, requiere de un Taller, es nuestra mente, nuestra psique. Reservorio insondable. Buscar en ella, rescatar herramientas, que nos permitan reconstruir y reparar el dolor, y el daño, que deje este flagelo. Y de otros tiempos, cercanos.
El mundo no se paro. Nosotros somos los que estamos DEMORADOS, todavía. Miles ya no, han muerto, y probablemente otros Que esta DEMORA, sea un momento de introspección, de contemplación, sentido, compasivo.
Que revele lo esencial, esa belleza del SER, reencontrarse con esa interioridad. Es un tiempo de espera, sin desesperar. DEMORAR, y morar en cada uno, y con el otro. Que esta DEMORA, se inscriba en la memoria. Que se transforme en una oportunidad para aprender, y ser mejores personas.
Que esta DEMORA, nos reúna y nos una, amorosamente, por la vida. Que no sea en vano. Es por la vida. La única, que hay, al menos terrenal. No se si hay otra.

Dra. Estela Maiorano
Egresada de Seminario del Instituto de Formación